Por muchos años la influencia del resto de México en Tijuana y en las otras ciudades del estado de Baja California, no era significativa ni tan fuerte como lo es en la actualidad. Basta recordar que no hace mucho la moneda circulante era el dólar, y que era prácticamente imposible conseguir frijoles negros en alguna de las tiendas de la zona, que no había CECUT y que Disneylandia estaba más cerca de nosotros que el bosque de Chapultepec… y no solo geográficamente.
Los jovenes hablaban una mezcla de “pachuco” y español que se diferenciaba fácilmente del que en otros estados se habalaba; el beisbol era más apreciado que el futbol; y “las chavas” o el “que padre” no eran parte del habla de los habitantes de esta región. En fin, que realmente estábamos en LAS TIERRAS DEL RINCÓN, apartados de alguna forma de lo que es nuestro México y América Latina…. para bien y para mal. Y estos factores, entre muchos otros, formaron un tipo particular de mexicanos en los que las influencias culturales de nuestro país y las del país del norte, modelaron la forma de ser de los “cachanillas”.
Yo tuve el privilegio, ahora lo veo así, ser joven en las tierras del rincón. Y este sitio es un aporte de lo que esto ha significado para mí y para algunos más, que como yo, tuvieron la misma suerte.
Hoy las cosas son distintas. Todas las ciudades de ésta parte de México, en particular Tijuana, se han enriquecido con el auge económico de la región, el enorme flujo poblacional que ha llegado para quedarse, la gran diversidad cultural que ésto conlleva y hasta de la globalización del lenguaje.
Aun estamos, geográficamente, en el rincón. Pero ya no estamos cultural, social o idiológicamente apartados de quienes hablan el mismo idioma que nosotros y que se llaman a sí mismos latinos. Hoy somos parte de algo más grande de lo que eramos antes. Y ésta es, en verdad, nuestra ganancia.